No tuvo un un gran amor. Las tres fueron importantes en su vida.
Rafaela
Contreras, considerada la primera cuentista modernista de Centroamérica, murió
a los 23 años dejando un hijo de meses. Esta muerte inesperada potenció los
temores de Darío.
Rosario
Murillo, su primera novia de adolescencia, le despertó la sensualidad y el
erotismo. Después de enviudar, Darío se casó con ella. Fue su segunda esposa y
quien además en 1916 lo acompañaría hasta su muerte. Rosario le dio un hijo que
falleció de tétanos a las pocas semanas. Darío no lo vio nacer ni morir.
Francisca Sánchez fue su compañera, ya que Darío nunca pudo divorciarse de Rosario. Convivió 16 años con ella y le dio tres hijos, que murieron todavía niños. El cuarto es el único que disfrutó como padre durante siete años. Por falta de recursos no pudo viajar a América con el poeta para acompañarlo en su último viaje. El resto de sus hijos estuvieron en segundo plano. Su obra y el periodismo eran para él lo primero.
El
escritor Vargas Vila afirmaba categóricamente que Rubén Darío tenía en su
rostro el signo de todas las razas, corpulento, con manos de marqués, siempre
pulcro y elegante. Rubén era callado, tímido, de buen comer y tomar y generoso
con los amigos.
Siempre supo bien quién era. La poesía le brotaba y tenía oído musical absoluto y memoria prodigiosa. Al periodismo, le dio todo y hasta el último día, pero lo que es indiscutible es su obra.
Renovo la lírica del momento, cultivando los aspectos sensoriales de la poesía: ritmo musical, imágenes, adjetivos. La poesia de Dario es un ser vivo y siempre cambiante a medida que se va complementando su visión del mundo y su angustia existencial.
Aunque estudió con los Jesuitas, fue contradictorio en el plano espiritual. Así se refleja en uno de sus poemas:
SPES
Jesús, incomparable perdonador de injurias,
óyeme; Sembrador de trigo, dame el tierno
pan de tus hostias; dame, contra el sañudo infierno,
una gracia lustral de iras y lujurias.
Dime
que este espantoso horror de la agonía
que
me obsede, es no más de mi culpa nefanda,
que
al morir hallaré la luz de un nuevo día
y que entonces oiré mi «¡Levántate y anda!»
Un crucifijo, regalo de Amado Nervo, fue quien acompaño entre sus manos al Gran Poeta en su lecho de muerte.
7 dias demoraron su funerales declarado como duelo nacional para Nicaragua; pero era el mundo quien lloraba la partida del genio de lírica moderna.
Francisca Sánchez, su Coneja, como le llamaba de cariño, nos lego 40 años despues de su muerte, su hermoso baúl AZUL(color favorito de Dario); donde acumulo su historia domestica y privada con el poeta en fragmetos de papel... 5,200 documentos guardados con celo y devocion nos permiten ver ese lado de Rubén Dario que solo ella pudo conocer.

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